Como todos los artículos de Don Ricardo, dedicarles unos minutos, nos permite comprender como funciona el nacionalismo catalán en nuestro caso, y darnos cuenta, de la impunidad con la que utilizan la mentira para conseguir sus fines.
El caso que nos relata a continuación trata de un códice supuestamente de 1492, con el cual,como en otros casos, el nacionalismos catalán quiere ocultar la total falta de bibliografía en unos siglos, en los cuales, según enseñan en el colegio, el catalán era poco menos que la reeencarnación del profeta, ahora que está de moda. Pero claro, como decía mi abuela, valenciana de la serranía, "se coge antes a un mentiroso que a un cojo." Bueno pasemos a lo que nos trae.
El canto del perejil (1)
Ricardo García Moya
Articul publicat en el Diario de Valencia, el 27 de giner de 2001, tret de
www.garciamoya.cjb.net
¿Que la humilde umbelífera no es ave cantora? Cierto, pero canta y mucho en el códice Carbonell de la catedral de Ge-rona, dentro del cual se ha des-cubierto en el siglo XX un tratado de barbarismos que, ca-sualmente, rellena el casillero vacío de este género en lengua catalana. Pero el manuscrito “Regles de esquivar vocables”, presuntamente del año 1492, contiene anomalías que apun-tan hacia la plumilla artesanal de algún hábil paleógrafo coetáneo de Pompeu Fabra, que imitó la escritura del cronista catalán Carbonell.
¿Por qué canta el perejil en las Regles? Muy sencillo. Si nos venden el Nacimiento de Venus de Botticelli con la ima-gen de Rita Barberá de tacon-citos y sonrisa de poliuretano, ¿creerían que es del quatro-cento? Igual sucede con la re-gla 181 del manuscrito, “juhiverd per dir juliverd”; donde se opone la vulgar “juhiverd” a la culta “juliverd”, olvidando que estas grafías no existían en el siglo XV. En tales calendas los paleógrafos han documentado jolivert, juhivert, julivert, juyvert, julvert, etc. No existe Joliverd ni como apellido, mientras que perduran Julivert y Jolivert. Si las Regles fueran coetáneas, debieran reflejar una de estas variables, bien como vocablo rechazable, bien como modelo culto. Por el contrario, el manuscrito sólo muestra la forma fabriana que comenzó a imponerse en las cercanías del 1900.
La Universidad de Valencia, máxima productora de basura en y para la implantación de catalán, no repara en estos detalles y, con dinero público, edita libros a teloneros de la Universidad de Barcelona, como Albert Rico y Joan Solá, (Rico, Solá: Gramática i lexicografía catalanes. Universitat de Valencia, 1995) Este par de genios lexicógrafos no se entera ni papa del asunto, atribuyendo en el panfleto las falsas “Regles de esquivar vocables” al valenciano Fenollar y al catalán Jeroni Pau, cuando esta autoría del manuscrito está descartada e incluso ridiculiza-da por santones como Badía i Margarit o Martí de Riquer .
Para comprender el fraude, aunque sea monótono, hay que comparar la terminación del vocablo perejil en documentos anteriores, coetáneos y poste-riores a 1492: “juyvert” (Vila-nova, h. 1305); ”julivert” (Eixi-menis, a.1383); “jolivert” (Ti-rant,1490); “jolivert” Gasull, 1496), ”julivertada”(Pou,. 1575), “jolivert” (Sanelo, 1805), “joli-vert” (Escrig: Dicc.1887), “jolivert” (Martí Gadea, 1908), “chu-livert” (Corominas, DCECH), “jolivert” (Dicc. Real Academia Valenciana, 1997). Ahora com-paren con la regla supuestamente escrita en 1492: “juyverd per juliverd” (Regles de esquivar vocables, ¿a. 1492 ?).
Alguien pensará que Carbo-nell era un latinista refinado que escribía con d el adjetivo del compuesto (joli + vert) por respeto al étimo viridis. Tampoco es válida esta razón, pues el cronista escribe vert en fe-chas posteriores a la de su su-puesta regla (Carbonell, Pere Miquel :Croniques de Espanya, h.1497), igual que hacían todos los escritores coetáneos: “vert” (Llull, h.1300); “vert” (Ll.de cuina, h.1370); “vert” (s.V.Ferrer h.1408); “vert” (Mre. Joan, a. 1466); “vert” (Inv.Palau Real Valencia. 1458); “vert” (Corella h.1480); “vert” (Martorell 1490); “verts” (Roig, a.1460) “vert” (Pou,1575); “vert” (Beat. Tomás de Villanueva, 1620); “vert” (Tormo,B. 1760); “verts” (Martí Gadea, 1908); “vert” (Dicc. Real Academia Valenciana, 1997).
Las falsificaciones, sean de un Rembrandt o de un billete de lotería, se confeccionan con rigor máximo, pero siempre hay perejiles que cantan. La regla 143 opone “maixcarat per mascarat”, pero en el XV no era conocida la palabra censurada. Aparece en algún texto valenciano del siglo XVIII y se populariza hacia 1900 con au-tores como Martí Gadea.
La 163 condena “punxor per dir punxó”, cuando la r final no era problema en 1492. La controversia que el falsificador silencia es la penetración en Cataluña de la morfología valenciana con ch, “punché, punchons”, habitual en documen-tos valencianos del XV (Badla,1999, p.303). En la misma Bar-celona, en los años en que Car-bonell era una autoridad cultu-ral, se mostraba la oposición morfológica entre la grafía catalana con x y la valenciana con ch, como comprobamos en la edición del Nebrija: “pun-char ab punxó” (Busa. Neb. 1507). En el enrevesado labe-rinto ideado por el falsificador, finge que el medieval Carbo-nell atribuye a Fenollar esta regla, olvidando que el valen-ciano escribía con ch: “no pun-chen” (Lo procés, f.22) Tam-bién Pou adoptó la palabra va-lenciana “punches” (Th.1575). Si fueran auténticas, Carbo-nell hubiera hecho constar la controversia sobre el vocablo.
La regla 236 también canta, “Aufegar per offegar”. La va-riable aufegar sólo supuso un incordio para la lengua catala-na a fines del siglo XIX, cuan-do los sainetes en lengua valenciana se representaban en Cataluña o, impresos, eran leí-dos por la burguesía barcelonesa. La 132 rechaza escribir “Gyrona per Gerona”. Estas reglas, recordémoslo, en teo-ría fueron razonadas por el catalán Carbonell y su primo, el humanista catalán Jeroni Pau. No obstante, para des-gracia del falsificador, en las “Croniques de Espanya” que Carbonell comenzó a redactar supuestamente en la misma fecha que las reglas, no usa más que la proscrita Gyrona. La 136 dice “Mallorca per Ma-llorques”. El falsificador no se enteró de la sutileza toponími-ca de Carbonell, el auténtico, que diferenciaba la “ylla de Mallorca”, en singular, del conjunto territorial del archi-piélago, “Mallorques”. Ambos ejemplos léxicos constan en un mismo párrafo de la Cró-nica (t.II, ed.Barcino, p.98)”.
Podríamos dedicar 100 fo-lios a los anacronismos de esta falsificación, pero no queda espacio. Falta conocer también la turbia historia del manus-crito, con gato encerrado; y la personalidad del misterioso falsificador coetáneo de Pom-peu Fabra. Algo que sabrán en un próximo articulo.
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