El título me lo termino de inventar, la fábula la he leído en bye,bye,Spain y me ha parecido simpática y perfecta para definir lo que nos pasa con nuestros vecinos tramontaneros.La firma alguien con el pseudonimo de yayo.
Vivo en un edificio muy viejo, de varios pisos. Mi vivienda está en el cuarto letra A. Me llevo bastante bien con mis vecinos debido en parte a que mi familia ha vivido en ese piso generación tras generación y siempre se nos ha caracterizado por tener un carácter tranquilo y conciliador. Bueno, con todos no, realmente ando de uñas con mi vecino de arriba, con José, el del ático, ¿el motivo? pues que al muy insensato se le ha metido entre ceja y ceja hacerse un dúplex con mi piso. Dice que mi piso le pertenece “históricamente”, afirma que el suyo fue construido por su tatarabuelo antes que el mío y que de alguna forma mi familia construyó mi piso debajo del suyo y que ¡¡formo parte de su subsuelo!!. Esto es materialmente imposible, más bien lo correcto sería lo contrario, que el mío fue antes y que el suyo se construyó sobre el mío, pero no hay forma de convencerle pues no escucha a nadie que no le de la razón. Es un tipo peculiar, mi vecino, siempre protestando, protagonizando las reuniones de vecinos, haciéndose notar, siempre practicando alianzas y disputas con unos y otros para conseguir sus propósitos... y como yo hablo más bajito que él y no soy tan amigo del presidente de la comunidad, me parece que al final les convencerá a todos de que mi piso es suyo y acabará por abrir un boquete en su suelo / mi techo por donde bajar una escalera y sentarse en mi salón. No me quiero enfadar, pero esto está pasando de castaño a oscuro. Ya le he pillado un par de veces poniendo a escondidas su nombre en mi buzón y en el telefonillo de la entrada... y lo peor, anda diciendo por ahí, en el bar, en el súper, en el banco, que mi piso es suyo, que en realidad es uno, ¡¡y que yo estoy de inquilino en su casa!!
¡¡Si mi abuelito levantara la cabeza!! Resulta que mi yayo de joven fue profesor y a menudo contaba cómo le costó enseñar a leer y escribir al zopenco del padre de mi vecino, pero eso fue hace mucho tiempo, cuando los vecinos eran vecinos de verdad, de los de ayudarse, no como ahora que lo único que quieren es robarte la identidad y el hogar.
Esta mañana me lo he encontrado en el ascensor y haciendo de tripas corazón he intentado reconciliarme con él recordándole lo bien que se llevaban nuestras familias, pero no sé cómo hemos llegado al asunto de lo de leer y escribir y para mi asombro ha empezado a gritar que no, que fue al revés y que si yo sé hablar y escribir es gracias a su avi, a su familia, en definitiva gracias a él... ¡¡Todo al revés!!
Ese hombre está paranoico y yo desesperado. No aguanto más esta situación... mi mujer, Amparo, ya me lo ha dicho un montón de veces: que no tienes carácter, que si vas así por la vida te van a pisotear... Y tiene razón, por no querer problemas acabo teniendo el doble. Pero lo que más me duele, lo que me está abriendo los ojos de una vez por todas es que uno de mis hijos empieza a pasar más tiempo en el piso de arriba que en el mío y hoy, en la comida, me suelta que empieza a ver con buenos ojos eso de ser parte de otra familia, renunciando a nuestra identidad, que va a ser mejor -¿para qué? le interrogo perplejo- para ser más fuertes, para negociar con el resto de la comunidad que nos oprime y no nos comprende...
No puedo más ¿Qué puedo hacer? ¿Subo y le doy? ¿Denuncio y espero a que la justicia me de la razón? ¿Le digo que su piso es mío y en paz?...
Es posible que al resto de mis vecinos no les guste lo que voy a hacer pero si no hago algo me quedo sin piso, sin familia y sin historia. Menudo es mi vecino.
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