Valencia
Els Furs y 50 años cabeza abajo el rey que los anuló
J. ANTONIO DOMÉNECH CORRAL
Cumple la friolera de 768 años y todavía encuentro quien se cuestiona: “¿Pero Valencia fue alguna vez reino con reyes de verdad?”. Y parece no fiarse de mi afirmación cuando le aseguro que este acontecimiento es precisamente el que celebramos los valencianos en esta festividad de “lo 9 d`Octubre”: La reconquista de la ciudad en 1238 por Jaime I y su creación del Reino de Valencia como estado autónomo dentro de la Corona de Aragón. Con todos los territorios que había liberado de la dominación musulmana. Un verdadero reino al que dotó de personalidad política con sus leyes propias (els “Furs”), su moneda (els “rails” valencians) y sus instituciones de gobierno (els “Jurats”).
Hay un lugar en nuestra ciudad donde todavía se puede acceder y revivir por unas horas, enfrascado en protocolos, libros antiguos y legajos, las secuelas de este Reino. Me refiero al Archivo del Real Colegio Seminario de Corpus Christi que en breve, gracias a la colaboración de la Universidad, va a proceder a catalogar y digitalizar sus fondos para facilitar el trabajo de estudiosos e investigadores. Y es de notar que sitio preferente en la Biblioteca personal de su fundador, el Patriarca San Juan de Ribera, lo ocupa un ejemplar de “Els Furs” recogidos en dos preciosos volúmenes titulados en latín Fori Regni Valentiae ; con prólogo, en la misma lengua clásica, del notario Miguel Fuster y una extensa carta del Rey Don Phelip (Felipe III) al virrey de la Ciutat, que comienza así: “El Rey. Amado nuestro. Con esta se os envían los fueros originales hechos en las ultimas Cortes desse Reyno, decretados y firmados, como vereys. Mando os, que en recibiendoles los refrendeys…” Estos “Furs” corresponden a una edición “estampat en Valencia, en casa de Pere Patricio Mey junto a S. Martin”, lógicamente en valenciano.
Pero lo revelador y testimonial en ellos son las variadas notas aclaratorias, escritas en latín, que constan al margen de numerosos artículos. La letra no es personal del Patriarca, como solía hacer en las ricas y variadas Biblias de esta misma Biblioteca. Sino de algún secretario encargado de mantenerle al corriente de todas las disposiciones forales en los asuntos civiles; pues no hay que olvidar que el Patriarca, además de arzobispo de Valencia, fue también un tiempo su virrey y capitán general.
Desde Jaime I el Conquistador hasta Isabel II –el último monarca durante el tiempo que ocupó el trono (1833-68)– fueron veintitrés los que utilizaron el título de rey de Valencia en sus proclamas y pragmáticas. Incluido el primer Borbón, Felipe V, que tras la batalla de Almansa en 1707 anuló nuestros Fueros, incendió Xàtiva y mudó su nombre por el de Lugar Nuevo de San Felipe. En represalia por habernos alineado los valencianos contra su sucesión en el trono de España.
Precisamente fue la memoria de esta real tropelía, junto con la natural emoción del recién ordenado sacerdote que acaba de tomar posesión interina de la parroquial iglesia de San Pedro donde fuera bautizado el Papa setabense Alejandro VI, lo que impulsó a mi viejo amigo, Francisco Gil Gandía, a recolocar en 1956 cabeza abajo el famoso retrato de Felipe V, pintura de Juan Amorós, que se expone en el Museo de “L’Almudí” de Xàtiva. El hoy canónigo de nuestra catedral había trabado amistad con el juez Carlos Sarthou, entonces responsable de la conservación de este Museo; y logró convencerle de sus razones para hacerlo con aquel real lienzo. Así permanece 50 años.
Un hecho pintoresco que recogen folletos turísticos y trabajos de historia, pero sin citar el nombre del causante. Quizás por ignorarlo. Pero que no se debe, como alguno ha escrito, a “un acto de incultura lamentable incitando al odio y a la burla en Xàtiva”. Mi amigo es un erudito en arte e historia y garantizo que sin torcidas intenciones. Y aún puede que la amplia repercusión de su espontáneo gesto contribuyera a la popularidad del propio Museo. Y a su obtención en 1962 del título de Bien de Interés Cultural
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