lunes, 13 de noviembre de 2006
De nosotros depende seguir siendo hombres libres como nuestros ancestros. Jaime I otorgó al reyno por él creado unos privilegios que no disponían otros territorios bajo su jurisdicción.

Parafraseando al abogado Wenley Palacios, "...los valencianos somos como somos, con un alto sentido de la libertad y por qué hablamos un idioma distinto del que hablan los catalanes; y no basándome en razones filológicas, que las hay, sino en razones históricas, en la firme determinación de un hombre que quiso hacer un Reino diferente de los que ya tenía para ser libre."

Hoy en día, casi 800 años después, nos vemos obligados a defender nuestra libertad, nuestra cultura y nuestro patrimonio histórico, los vecinos del norte, aprovechando la debilidad de los gobiernos de España y la política corto placista de los partidos políticos que tendrían que velar por el bien de todos, pretenden poco menos que convertirnos en una colonia.

Lo que el Conquistador no permitió, hoy 8 siglos después, pretenden conseguirlo unos políticos de bajo nivel.

Aprovechando el potencial económico de una región que se ha venido beneficiando de las inversiones y el trabajo de todos los españoles desde hace décadas, pretenden crear un nuevo estado donde subyugar a los valencianos. Gracias al franquismo y a la democracia, Cataluña fué capaz de alcanzar un desarrollo económico importante. Apuntalando el núcleo industrial existente, las fuertes inversiones del INI y el trabajo de los españoles de Andalucía, Castilla, Extremadura y Aragón que se despalzaron a contribuir con su sudor en lo que creían era el bien común, han obtenido un alto desarrollo económico que pretender utilizar para su propio bien, ignorando el esfuerzo de los demás.

La lengua es la espina dorsal de su proyecto. Erradicando la historica lengua valenciana, pretenden engañar a medido mundo y expropiar la cultura, la literatura y el potencial de futuro de los valencianos, para intentar conseguir el prestigio que la historia les ha negado y obtener una masa crítica demográfica y económica suficiende para romper amarrás con España.

Para ello, no dudan en falsear la historia en manipular libros y tergiversar documentos. Con el control de los medios de comunicación y la educación, poco a poco, van generando adeptos para su causa, adeptos cada vez más radicales y carentes de capacidad de razonar y ver el engaño.

La colaboración de los partidos mayoritarios es fundamental, por un puñado de votos que les permitan ocupar un sillón, se venden a los intereses de los catalanistas y demás separatistas vascos y gallegos, y estos, van ocupando los puestos donde se toman las decisiones y crea opinión o documentos que justifiquen o amparen sus pretensiones a costa del resto de ciudadanos.

De nosotros depende mantener el legado del Conquistador, de nosotros depende permitir que nos conviertan en lo que nunca hemos sido, siervos. De nosotros depende seguir siendo hombres libres.

De nosotros depende mantener el legado que nos expones estupendamente Wenley Palacios a continuación.

"Siguió el principio aristotélico de que el pueblo llano ha de tener tanta fuerza como el estamento eclesiástico y el de nobleza o al menos tanta como cada uno de éstos por separado; y, por eso, desde el principio, cuando tiene que reunir a nobles y a obispos que le han ayudado en la conquista, hace también participar a los hombres llanos, a la burguesía y a la plebe de Valencia. Cuando instituye els furs, que los extiende a todo el reino paulativamente, están ya allí presentes los representantes de otras villas. Castellón, Vilafamés, Onda, Liria, Corbera, Cullera y Gandia, estaban presentes en 1.261 en las Cortes Valencianas que aprobaron la reforma dels Furs y el compromiso de su juramento por el sucesor de la corona. Don Jaime también los juró.

Tras la conquista, en 1.238, estableció la Curia, sobre justicia municipal. En 1.240 la Costum, fuero municipal que va modificando y reformando hasta convertirla en els Furs en 1.961.

Los Furs están inspirados por un sabio doble principio, la autoridad y la libertad, bajo el sagrado sistema de que todo Rey y todo el pueblo deben someterse a la Ley; por eso los monarcas valencianos, antes de ser coronados, debían jurar los fueros.

Los Furs no se basan en el derecho nobiliario aragonés, ni en los usatges catalanes. Se valió principalmente del derecho justinianeo y del código canónico, así como de leyes musulmanas, derecho judío y derechos de los repobladores. No solo da una legislación definida, también limita el territorio en las primeras cortes valencianas. Lo configura según los pactos que han establecido sus predecesores, y viene a ser exactamente el que hoy ocupa el antiguo Reino de Valencia, teniendo en cuenta que la zona de Alicante se incorporó en 1.304 y que en el siglo XIX se añadió Requena, Villena y Sax, a cambio de Caudete, que pasó a Albacete.

Muy hábilmente Don Jaime se deshizo de aquellos señores feudales, ricos-hombres de Aragón y los condes catalanes. Para el repartimiento de tierras designó a dos nobles, Asalit de Gudar y Gimeno Pérez de Tarazona, caballeros de mesnada, pero no pertenecientes al exclusivo grupo de los doce ricos-hombres, que lo eran por derecho propio de Aragón. Protestan los ricos- hombres. Ante la protesta, Don Jaime, les encarga el repartimiento. Antes de la conquista, se habían prometido más tierras de las que había, por lo que hubo de ordenar la reducción proporcional de todo lo otorgado anteriormente. Esperó que la dificultad del repartimiento les hiciera fracasar y así ocurrió, por lo que, al renunciar los rico-hombres, volvió a nombrar a Gudar y a Tarazona. De todas maneras, se entregó a aquellos señores feudales los castros, lugares fortificados, altos y con pocas tierras y, al ver que tenían poca ganancia, se volvieron a sus tierras. Siguiendo la teoría de las partidas, Don Jaime creó una nueva nobleza, las de quienes tienen linaje y tienen bondad, son fieles al Rey, cuando los tradicionales ricos-hombres, solamente exhibían su linaje.

Habría sido muy fácil al Rey hacer circular en el Reino de Valencia la moneda aragonesa o la catalana. Se hacían transacción de la moneda jaquesa de Aragón o en la mazmudina musulmana y también en otras monedas, hasta que en 1.246 el Rey ordena acuñar los Reals, con el signo de la cruz entre flores, y el lema "Reino de Valencia". Como señaló en la Costum quería disponer de una moneda propia y la creó, estableció las normas de su implantación y el plazo para el cambio de la moneda circulante por la nueva, igual que se ha hecho con los euros y las pesetas, cambios que se hacían en la "taula", que dictaba las equivalencias entre las distintas monedas. Cada doce reales equivalían a un "sou", y 20 "sous", es decir, 240 reales a una "lliura".

Ese empeño en hacer un reino propio, distinto de los que había heredado y el conquistado de Mallorca, con leyes distintas, organización distinta, composición de las Cortes distinta, moneda distinta, le lleva también a mantener una lengua distinta. Habría podido imponer la lengua de los catalanes o la lengua que se hablaba en Aragón, pero no lo hizo. Por eso las leyes que primeramente se redactaron en latín, ordena que se traduzcan al romance valencià, a "la lengua que aquí hablan mis súbditos". Es fácil comprender que en poco más de veinte años, nadie pudo introducir una lengua distinta de la que se hablaba, como pretenden los catalanistas.

Luis Fullana i Martí, franciscano, fundador del Convento de San Lorenzo, provincial de Valencia, confesor de la Reina María Cristina, hijo predilecto de Benimarfull y adoptivo de Cocentaina y Valencia, pasaba las vacaciones de verano en Bañeres, en la finca El Cosi, de Don Benito Martí de la Cavada, oriundo de Morella. En sus últimos años, m. 1948, vivía modestamente en Madrid con su sobrina, de sus pocos estipendios como académico y las misas. Le oí decir: "cómo no va a ser el valenciano un idioma si fue la lengua de un Reino".

En su discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua Española, distingue el latín clásico, usado por literatos y magistrados, fijo y estable, del latín vulgar que llevaban los soldados y los colonos por todo el imperio. Los hispanovisigodos lo transformaron de forma natural y lógica, en cada zona, según la condición, carácter y costumbre de sus habitantes, no todos por igual, sino dando lugar a las lenguas romances españolas, el gallego, el castellano, el catalán, el mallorquín y el valenciano, que no es un dialecto, porque tiene vida independiente, literatura propia y puede formar su historia morfológica desde que se emancipó del latín vulgar. Quien mantiene que el valenciano es catalán, no ha leído a nuestros clásicos de los siglos XIV, XV, XVI y XVII.

En la Carta Pobla de Uxó, 1.250, el Rey Don Jaume dice que sus súbditos hablan valenciano; y en las Corts de 1.261, ordena la traducción general de Els Furs del latín al valenciano.

El canónigo de la Catedral de Mallorca, Gregorio Genovar, se quejaba porque la famosa novela Blanquerma del mallorquín Ramón Llull "no ha sido traducida a la más culta de las lenguas romances de la España oriental, es decir, al valenciano" y encargó a Juan Bonbalij de origen catalán su traducción, 1.552, quien reconoce que "soy muy limitado en dicho idioma, por serme peregrino y extranjero"; sabía muy bien que el catalán no era igual al valenciano.


Nos narra la Crónica de Pedro el Ceremonioso, que Vinatea dice a los demás jurados: "yo me aventuraré a plantear la cuestión ante el Rey y no rogaré por mi vida y si me mata el Rey, moriré por lealtad, por lo que si yo me aventuro, vosotros, los demás jurados, bien podéis acompañarme".

Imaginaos ante el Rey, en 1.333, a su lado la Reina Leonor, que le había arrancado las donaciones a favor de su hijo, a los demás jurados, a los consejeros del Rey y a Vinatea que le dice: "me maravillo del señor Rey y de todo su Consejo, de las donaciones que ha consentido, cuando no podía separar dichas villas del Reino de Valencia, si lo hacía Valencia no sería nada; pero ellos no consentirían dichas donaciones, las contradirían y que se maravillaba de él y de su Consejo y los llamaba traidores". Hay que tener en cuenta que los fueros tenían establecido que no se podía desmembrar el Reino de Valencia, la idea central de Don Jaime. Continua Vinatea: "no cambiaremos de opinión, aunque me separe la cabeza del cuello, o nos mate a todos, y os prometo señor que si nos morimos no escapará alguno de estos que son aquí, todos morirán a espada y vos señor y la reina y el Infante Don Fernando".

El Rey miró a la Reina y le dijo: "esto queríais oír". Ella airada, llorando, le dijo: "señor, esto no consentiría el Rey Alfonso de Castilla, nuestro hermano, porque él los degollaría a todos". Alfonso II le contestó: "reina, reina, nuestro pueblo es libre, y no está sojuzgado como el pueblo de Castilla, porque ellos me tienen a mí como a Señor y nosotros a ellos como buenos vasallos y compañeros".

El Rey revocó las donaciones, fue fiel als Furs y a la idea de Don Jaime de conservar íntegro el Reino de Valencia, ese Reino distinto de los demás, donde, porque lo quiso Don Jaime, no se habla ni como en Aragón, ni como en Cataluña, se habla valenciano
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Publicado por Desconocido @ 16:53
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